
¿Quién lo pensaría? Desde hace cientos de años personajes emblemáticos se atrevieron a enunciar:
- Aristóteles: La mujer es un hombre incompleto.
- Arthur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.
- Dijo Ala a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes.
Es sumamente embriagante la época que estamos viviendo actualmente, cada día nos sorprenden más los avances tecnológicos que llegan a nuestras manos; logran impresionar nuestra vista, facilitar nuestra existencia e inclusive deleitarnos con el ingenio plasmado en cada uno de ellos, son una total muestra del potencial que hemos alcanzado como seres humanos y suena excitante pensar que podemos escalar más y que cada día la curiosidad sigue siendo el motor del ingenio que crece exponencialmente.
Cuando escuchamos la palabra tecnología, podemos asociarlo como un sinónimo de progreso, de cambio, de apertura algo tan propio del siglo XXI. Sin embargo cabe mencionar que tristemente hay un punto en especifico que desde tiempos inmemorables ha permanecido y al parecer avanza en forma inversamente proporcional al crecimiento y empoderamiento de la ciencia y tecnología en el mundo. Me refiero al reconocimiento y a la inserción que tienen las mujeres en estas ramas.
Henrietta Swan Leavitt (1868-1921) dedico toda su vida la observación de las estrellas, murió de cáncer, pobre y sin reconocimiento alguno. Edwar Pickering y Edwin Hubble se llevaron el merito de sus descubrimientos.
Emmy Noether (1882-1935) se desempeñó como maestra en la universidad alemana de Erlangen-Nuremberg, su remuneración no se le otorgo hasta 1922. En sus estudios abarca uno de los campos más abstractos de la matemática: el algebra no conmutativa.
ENIAC considerado el primer ordenador electrónico programable de la historia, inicio su proceso creativo en un laboratorio del ejercito de los Estados Unidos en 1943, el crédito fue otorgado a John Presper Eckert y John William Mauchly, olvidando a las 6 mujeres que se dedicaron día y noche a programar esa belleza, Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence.
Puedo continuar esta lista y no terminaría de enumerar tantas injusticias, todas ellas cometidas bajo el pobre argumento de una condición biológica fomentada por la cultura androcentrista. Durante siglos los ojos de las mujeres han sido ciegos, aunque sus logros sean fascinantes.
Según datos de la UNESCO las mujeres constituyen solo un 28% de los investigadores en el mundo, solamente uno de cada cinco países a alcanzado paridad de genero, dado que entre el 45% y el 55% de sus investigadoras son mujeres. En la mayoría de los países las mujeres se concentran en las ciencias sociales y siguen subrepresentadas en ingeniería y en carreras tecnológicas y no quedándose atrás la discriminación salarial.
Ya no suena a progreso, cambio y apertura ¿verdad?
Seguimos en deuda con las mujeres de ciencia y tecnología, porque hemos minimizado tanto sus esfuerzos y descubrimientos que hemos caído en un algoritmo ciclado donde repetimos una y otra vez los mismos errores, pero ahora con más cinismo, porque nos atrevemos a proclamar a nuestros países defensores de la lucha ante la discriminación de la mujer en tecnología, pero seguimos pagándoles menos por su esfuerzo, se engalanan con becas otorgadas a la ciencia y tecnología pero seguimos cultivando los estereotipos donde el escenario no favorece nuestra participación.
Este mal, no pertenece solamente a los países del tercer mundo o subdesarrollados, pertenece a una gran mayoría de las naciones del planeta y el esfuerzo debe ser colectivo para atacarlo.
Si bien es cierto que los esfuerzos por reconocer e insertar a más mujeres en la ciencia y tecnología han crecido en los últimos años, aun tenemos una tarea pendiente que es construir los cimientos de un verdadero país de ciencia y tecnología, un país abierto, universal y que sepa corresponder y garantizar que sus puertas estarán siempre abiertas para todos y todas en condiciones de igualdad real.
Hay que reflexionar que este es nuestro mundo ahora, démonos cuenta que la ciencia y la tecnología nos permiten existir sin nacionalidad, sin color, sin genero, sin prejuicios religiosos. Y esto la hace mas sublime que cualquier otra cosa. Si buscábamos un idioma universal que nos unificara, si buscábamos eliminar las fronteras territoriales o mejor aun si buscamos libertad, la encontraremos en cada investigación científica y en cada invento tecnológico. Siempre y cuando sepamos encaminar bien nuestros motivos.
Recordemos que quien se atreva a menospreciar o lacerar el saber y el esfuerzo de cualquier hombre o mujer empequeñece su propio saber, bien dijo Sócrates que la extravagancia quita todo el merito de la habilidad.
